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Cuidamos de nuestras abejas.

Alguien dijo una vez: “si la abeja desapareciera del planeta, al hombre sólo le quedarían 4 años de vida”. Poco importa quién fue el autor, aunque la frase se le atribuye al mismísimo Albert Einstein, lo que realmente nos interesa es la gran parte de verdad que hay en ella.
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La desaparición del insecto polinizador más eficiente, impediría la reproducción de muchas de las plantas de nuestro planeta Tierra. El 85% de las especies vegetales de Europa , necesitan del trabajo de la abeja para su multiplicación. Son plantas de las que tanto el ser humano como los animales herbívoros, requieren para su alimentación.
Para hacernos una idea de la magnitud del problema que desde hace tiempo se viene advirtiendo a nivel mundial, es necesario indicar que en muchos países de nuestro continente, incluida España, y en grandes zonas de EEUU, ya se sufre una merma en las poblaciones de abejas, cifrándola entre el 50% y el 90%. Si tenemos en cuenta que la tercera parte del suministro de los alimentos depende de que el proceso de polinización de las plantas se realice correctamente, puede traducirse en una escasez de productos que son básicos para nuestra cadena alimentaria.
¿Cuáles son las causas de esta desaparición?. Por desgracia hay muchas, demasiadas. En primer lugar, está la aplicación de productos fitosanitarios tóxicos para abejas: tales como clotianidina, tiametoxam e imidacloproid. Desde el punto de vista nutricional se están produciendo deficiencias al ser instaladas en “monocultivos”, lo que provoca un debilitamiento de su sistema inmunológico. Además, sus áreas naturales de alimentación se están reduciendo progresivamente. Varios tipos de hongos, virus (posiblemente uno de ellos sea similar al que en humanos provoca SIDA), y hasta especies de “avispas asesinas” (de origen asiático), las atacan ferozmente. También están los campos electromagnéticos, por ejemplo los generados por las microondas de nuestros teléfonos móviles, que las desorientan e incapacitan para regresar a su colmena. Incluso, la presencia de organismos modificados genéticamente, no sabemos si por el tratamiento fitosanitario que reciben algunas semillas o por la calidad de su polen y néctar.
A estas alturas, de lo que parece no haber duda alguna, es de que el empleo masivo de determinados plaguicidas está en la base del origen de la gran mortandad de nuestras abejas. Por eso, el pasado 1 de diciembre, la UE aprobó una normativa que prohíbe la comercialización y uso de semillas para determinados cultivos, que hayan sido tratadas con clotianidina, tiametoxam e imidacloprid.
En Almería, tanto agricultores como ‘técnicos’ nos sentimos realmente orgullosos de nuestra “Lucha Integrada de Plagas”, que consiste en controlar los ‘insectos plaga’, introduciendo en las fincas otros depredadores naturales (en gran medida autóctonos), respetando así, no sólo el medio ambiente y la calidad y salubridad de la hortalizas, sino a toda la fauna auxiliar, incluidas nuestras queridas abejas.
Para tranquilidad de todos, esta primavera, como todas las demás, de nuestra huerta saldrán excelentes melones y sandías, gracias no sólo al gran trabajo de los sufridos agricultores, también a la inestimable colaboración y al excelente trabajo que realizan estos laboriosos insectos.
Que nadie lo dude, nuestra agricultura continuará avanzando en pro de la sostenibilidad y respeto al medio ambiente. En ello seguimos trabajando.
[Artículo Publicado en La Voz de Almería el jueves 20 de marzo de 2.014]
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